La Sexualidad en Embarazo y Postparto - Un Desafío para Enfrentar en Pareja

Por: Dra. Magda Lucia Vercellino Bertucci
Martes 21 de julio, 2015
Sexualidad/Género

Enfrentémoslo: la sexualidad femenina es un tema poco abordado… y durante los períodos más “maternales” del ciclo vital, es francamente olvidado. Esto no sucede porque sea un período libre de dudas o de problemas. Por este motivo, he decidido referirme a este ámbito.

Pensemos en las emociones que durante estos períodos embargan a ambos padres (o miembros de la pareja, como los queremos ver en este artículo): ilusión, inseguridad, angustia, alegría, esperanza, miedo, dudas… para solo nombrar algunos, pues sabemos que son muchísimos más.

Consideremos también todos los cambios físicos que se dan en la mujer, tanto en lo funcional (esas hormonassss!!!) como en lo anatómico.

Teniendo esto en cuenta, se hace evidente que la sexualidad en la pareja atraviesa una gran crisis en estas etapas (si bien son dos etapas completamente distintas en su “alteración” de la sexualidad, he decidido abordar a ambas juntas, por tener en común el presentar grandes desafíos).

Eso sí, quiero que entendamos la palabra “crisis” como una oportunidad, incluso de crecer y mejorar, y no como un quiebre irreparable.

Para aproximarnos al entendimiento de esta situación, les invito a hacer una revisión temporal de lo que va pasando en la pareja en estas etapas, desde todos los posibles escenarios. Hago notar que no abordaremos el tema de la sexualidad durante “la búsqueda del embarazo”, porque eso da para otro artículo (a lo menos…).


EL TEST POSITIVO

La mujer, que puede o no haber estado buscado el embarazo, que puede o no haber tenido alguna sintomatología previa que le hiciera sospechar una gestación, que puede o no tener ya un atraso menstrual, orina en una varillita plástica y……… (… minutos después… los minutos más largos de la historia…)… aparece el primer testigo de esta nueva vida que crece: una raya. Punto. Una raya!!! Celeste o rosada, paralela o perpendicular… pero nada más que una raya!!! Pequeña señal del cambio más abismante que se puede llegar a tener en la vida: la llegada de un nuevo hijo (primero, segundo, tercero, etc… todos hacen que tu historia comience una vez más como de cero).

¿Y cómo repercute esto en la intimidad de la pareja? Debemos tener en cuenta que ambos padres están emocionados, asustados, felices o tristes, inseguros, dubitativos y ansiosos… “¿Qué le puede pasar a este embarazo si nos acercamos sexualmente???” Muchas parejas presentan un distanciamiento durante esta etapa, principalmente debido a los temores de que pudiesen hacer daño al “embarazo” (me refiero a este así, porque los futuros padres aún no piensan en un embrión o feto… por ahora es sólo un embarazo… pero que hay que cuidar (aún si este no hubiese sido planificado o deseado). Además, por lo general, en la etapa del Test Positivo, aún no se ha tenido ninguna orientación médica que hable de la seguridad o inseguridad de mantener relaciones sexuales. En este contexto, las parejas por lo general se abstienen…


EL PRIMER TRIMESTRE

Según esta clasificación, la etapa del Test Positivo se da por terminada con el primer control obstétrico. En ocasiones se acompaña de una ecografía, pero por lo general muestra que efectivamente hay un embarazo, en el mejor de los casos que es viable, y se puede estimar la edad gestacional. “¡Estamos esperando un hijo!”

En dicho control se ha determinado si es un embarazo normal, o si hay condiciones que determinen algún riesgo, y se han entregado recomendaciones de como continuar con la vida de pareja.

En los embarazos de riesgo, se suele indicar la abstinencia, pero en los normales, se invita a la pareja a llevar una intimidad normal. (“Dentro de lo que se puede”, digo yo).

¿Por qué hago esta aclaración? Porque en esta etapa nos encontramos con una mujer plagada de nuevas emociones (radicadas en el cambio que enfrenta su vida, o en las infaltables hormonas, a las que nos referiremos repetitivamente en este escrito, y que además ha dejado de reconocer su cuerpo como propio… se siente hinchada, con los pechos sensibles, cansada, tal vez nauseosa… (no sé si se dan cuenta que esta descripción muestra a una mujer que se siente lo menos sexy del planeta). Y un hombre que también se llena de emociones (positivas y negativas), tanto por lo del cambio vital, como por los que observa en su pareja (y rara vez comprende).


EL SEGUNDO TRIMESTRE

La mujer ya se siente más cómoda, hay menos cansancio, el cuerpo ha comenzado un nuevo equilibrio (esta “invasión” resulta menos “hostil”). Ambos se han ido haciendo a la idea que hay uno más en el grupo.

En esta etapa, suele acercarse una cierta ”normalización” de la vida en pareja. En los casos ideales. Pues hay otras mujeres que aún no se sienten bien, o que aún no se adaptan a ver los cambios externos de su cuerpo, u otros hombres que temen hacerle daño al futuro hijo. Todos los escenarios son posibles, incluso el de mujeres que ven su libido aumentada a causa de los cambios hormonales (hay quienes lo atribuyen al sexo del bebé, pero no cuento con una casuística suficiente para pronunciarme al respecto).

Podríamos decir que la situación se simplifica un poco, pero sin dejar en absoluto de ser un desafío. Y por ello es muy relevante que la pareja se comunique muy ampliamente y con sinceridad. Ambos deben entender que la situación en compleja para los dos, y que cualquier distanciamiento no se debe a una falta de amor por parte del otro.


EL TERCER TRIMESTRE

Pasa el tiempo… y suben los kilos… y se redondea el cuerpo… Y ya ambos padres suelen estar más cómodos con el cambio numérico. Por lo general la mujer se siente bastante bien, acostumbrada a las modificaciones hormonales, pero algo más cansada por las alteraciones físicas. Lo que solía ser cómodo o agradable, puede ya no serlo. El hombre, por otra parte, suele estar dispuesto y/o deseoso de la intimidad con su pareja. Es importante aprovechar estas instancias para profundizar en la comunicación, para aclarar lo que a cada uno le resulta agradable, y también para que cada uno sepa cómo los cambios le han afectado al otro. Debemos tener en consideración que la sexualidad activa no está contraindicada hasta que se rompen las membranas (hay quienes dicen, incluso, que podrían inducir la labor de parto), pero muchos padres tienden a abstenerse cuando el cuerpo está más abultado. Nuevamente, todos los escenarios son posibles y buenos, mientras ambos estén felices.


CUARENTENA

La cuarentena… la dichosa cuarentena… temida por unos, agradecida por otras…

Este período es el único que tiene contraindicación absoluta de actividad sexual (lo que no quiere decir que todas las parejas la cumplan). Y esto se debe a que el cuerpo de la mujer (en particular su aparato reproductivo) queda bastante “machucado” después del parto, además de estar el cuello uterino permeable. Por esos motivos (además de la incomodidad multifactorial), se indica la abstinencia.

Digo que es temida por algunos, debido a que muchos hombres no creen ser capaces de mantener una abstinencia sexual de cuarenta días… Pues créanme: lo son. Y hay una buena ayuda por parte de los días que la mujer está en la clínica, los llantos a medianoche, los cambios en el patrón de descanso, y las “mutaciones” emocionales de la que es su pareja, que pasa de la risa al llanto sin ningún motivo aparente, y a ratos parece una desconocida.

Digo que ésta es agradecida por otras, puesto que las mujeres se encuentran tan remecidas física y emocionalmente por la llegada de este nuevo hijo, que no están en absoluto en condiciones de un acercamiento íntimo. Sus emociones fluctúan más que las mareas, su cuerpo suele estar bastante dolorido, su panza está grande pero sin relleno, sus pechos pueden estar hinchados de leche… … … “Cero posibilidad”.

Y éste es un momento no tan crítico para la pareja, pues no hay mucho que discutir. “No es no”.


LACTANCIA MATERNA

Denomino este episodio de esta manera pues, en los casos que la madre no alimenta a su hijo con su cuerpo (ya sea por imposibilidad o por decisión propia), se puede dar la crisis, progresivamente, por superada. Pero en el caso contrario, cuando la mujer quiere y puede dar lactancia materna, una de las concesiones que se ve obligada a hacer, es la de una vida de pareja “más normal”.

Todos conocemos, y por ello no recalco, los beneficios de la lactancia materna. (Igual tengo que hacer hincapié en su importancia… no puedo dejar de hacerlo).

Pero la contracara, es que la mujer hipoteca su cuerpo por un plazo que suele ser bastante prolongado. Y eso afecta a la pareja. (No quiero que esto se entienda como algo negativo, menos aún, como una causal para suspender la lactancia materna, pero sí que se asuma que es una renuncia – en mi opinión, más que justificada - propia de esta etapa).

Entonces la mujer comienza a ser una con este pequeño ser. Ya sea por libre demanda, ya sea por horario preestablecido, cada pocas horas debe “pegarse” físicamente a su cría, y pasar un buen rato con su cuerpo “ocupado” en ella. (Luego vienen las abluciones propias del bebé, el baño, el cambio de ropa… y otras tantas cosas que toman tiempo y cansan, pero no afectan directamente la sexualidad – por eso el paréntesis). No quiero que se piense que yo no considero maravillosos esos momentos… pero los estamos describiendo desde el prisma de su repercusión en la vida íntima. No es nada sexy.

Por otra parte, la mujer, que toma tiempo (tieeeeeempoooooo) en ir reacomodando su cuerpo y asumiendo los cambios irreversibles, puede tener los pechos dolorosos porque no ha amamantado recientemente, puede tener mastitis o ductos ocluidos, usa unos sostenes aeroespaciales, además de los protectores desechables, se ha duchado sólo si ha tenido tiempo en alguna de las siestas del bebé, no se ha maquillado, y está crónicamente cansada por la falta de sueño… ¿Pueden imaginar cuál es su interés en un acercamiento sexual en esta etapa? Cero.

Además se debe sumar que las hormonas secretadas durante la lactancia hacen muchísimo por el apego, pero nada por el deseo.

Oscuro escenario. En particular para un hombre que ya entiende que tiene un hijo (no tardan casi nada en asumirlo), no ha sufrido cambios físicos, ni está inundado de hormonas. Es decir, que tiene una libido intacta…

Lo que comentaré a continuación es lo que me hace describir esta etapa como la más crítica de la sexualidad de los padres. Y es que el hombre no suele comprender lo que está sucediendo. En el contexto de que se siente desplazado por este nuevo ser, ve que su mujer no toma la iniciativa sexualmente (ni de broma), y además lo rechaza cuando él la busca. Y comienzan a fantasear: “Es que ya no me ama”, “Es que el bebé es más importante que yo” (y así es, en términos de necesidad de cuidado para la sobrevida), “Ya no le importo”, hasta incluso “Ella tiene otro”.

Y de ahí parte la crisis… Porque, además, hay hombres que piensan esas cosas, pero no las dicen. Y hay mujeres que notan que algo no anda bien, pero no hablan. Entonces, ¿cómo se podría resolver esta situación?

Es simple (decirlo, pero no hacerlo): Debe haber una comunicación abierta y honesta. Se debe perder el miedo a hablar de ciertos temas, muchas veces considerados tabú. Se debe decir lo que se siente, y escuchar lo que le sucede al otro. Se debe ceder desde ambos lados de la cama. La clave son la comunicación y la concesión, por supuesto, sin trasgredir lo que a ambos les haga sentir cómodos, respetados y seguros… y satisfechos (en la medida de lo posible).

Estas etapas representan un gran desafío. Y muchas parejas pueden enfrentarlo y superarlo sin ayuda externa. Pero no es nada raro el necesitar alguna guía o empujoncito. Para eso estamos.

 


Magda Vercellino Bertucci

Médico Psiquiatra

Directora Médica Centro de Salud Física y Mental