Cuando Sonrojarse Duele

Por: Dr. Enrique Jadresic Marinovic
Lunes 04 de mayo, 2015
Emociones Ansiedad/Pánico Fobias

Como la mayoría de las personas, Pedro está familiarizado con la experiencia de ruborizarse en forma ocasional, sobre todo si está avergonzado, ansioso, o enfrenta una situación socialmente intimidante. Aunque se sonroja de vez en cuando, no siente que el sonrojo lo limite y su vida transcurre en forma completamente normal. Para él, ponerse colorado en ciertos contextos, por ejemplo al recibir un reconocimiento o cuando es festejado por cumplir años, no es inapropiado e incluso es esperable.

Para Camila, en cambio, la situación es diferente. Desde aproximadamente la edad de la pubertad, nota que, en ciertas circunstancias, en especial cuando está con gente, y sobre todo si la sorprenden con una pregunta dirigida a ella, el calor invade sus mejillas, se bloquea, es incapaz de contestar y solo quisiera que la tragara la tierra. No solo se ruboriza si recibe un piropo, o si se tropieza al bajar la escalera cuando la están mirando. También le ocurre, casi invariablemente, cuando se encuentra con alguien conocido en la calle, aun delante de familiares, o a veces al hablar por teléfono. Con el tiempo, ha notado que los episodios se han hecho más frecuentes, que ahora habita en ella un temor constante a ponerse colorada y que, crecientemente, su vida se empieza a organizar en torno al rubor. En clases ha dejado de participar y rehúye disertar (prefiere una mala nota) ya que el más tenue estímulo, o la sola mención de su nombre, colorean sus mejillas. Vive en un estado de alerta constante, escudriñando el ambiente, buscando señales que le indiquen que debe tomar medidas anticipadas (ausentarse a tiempo, sentarse atrás, tomar un poco de alcohol antes de enfrentar a un grupo). Era una persona risueña y voluntariosa. Ahora último ha perdido su espontaneidad y la alegría de vivir.

Charles Darwin sostuvo que ruborizarse era la más peculiar y la más humana de las expresiones. Es muy probable que la mayoría de los médicos esté de acuerdo con esta aseveración, lo cual tal vez explica que –hasta hace pocos años– rara vez se discutía el rubor facial en la literatura médica y en la práctica clínica. Debido a que sonrojarse es una reacción fisiológica normal, que acompaña a veces a situaciones emocionalmente significativas, se asumía que siempre tenía tal carácter, sin considerarse que hay personas cuyo rubor facial, marcadamente visible, cotidiano, ingobernable, es fuente de frustración y sufrimiento. Por supuesto, contribuía también a esta omisión de la comunidad médica, el hecho de que las personas que sufrían por sonrojarse, por su parte, no se atrevían a consultar.

En los último años, se aprecian avances significativos en este campo. Por ejemplo, la medicina ha ido aceptando que se debe hacer la distinción conceptual entre la experiencia normal de ruborizarse, que es esperable en ciertos contextos y no limita al sujeto (como le ocurre a Pedro); del enrojecimiento facial que ocasiona importante “dolor psíquico” y perturba el funcionamiento cotidiano de la persona, de allí su carácter anormal o mórbido (como le sucede a Camila). Además, las oportunidades de los médicos, y de los otros profesionales de la salud, de ayudar a los “rojitos” que sufren por ruborizarse, son cada vez mayores. En la actualidad, los expertos estiman que, en primer lugar, se deben considerar los tratamientos psicológicos y farmacológicos (principalmente medicamentos que se usan para tratar la fobia social). En los casos más graves, que no han respondido a otras modalidades terapéuticas, se puede recurrir a una técnica quirúrgica denominada Simpatectomía Torácica Endoscópica.

Bibliografía:

BLUSHING. CUANDO SONROJARSE DUELE (2ª edición). Dr. Enrique Jadresic

Versión impresa:
http://www.buscalibre.cl/libro-blushing-cuando-sonrojarse-duele/9789569274183/p/46368127 

Versión digital:
Blushing, cuando sonrojarse duele. Segunda edición …