La Impulsividad y la Conducta Agresiva

Por: Dr. Roberto Amon
Sábado 31 de enero, 2015
Impulsividad Personalidad

“…lo más probable es que esta nefasta dosis de agresividad que llevamos en los huesos se deba a una herencia malsana que operó en nuestros antepasados durante decenas de miles de años, durante el neolítico” K. Lorenz, On Aggression (1974)

El gran etólogo y Premio Nobel de Medicina Konrad Lorenz fue uno de los grandes estudiosos de la agresividad, estudio sobretodo la conducta agresiva de los peces en los arrecifes de coral, y describió a los famosos peces de cartel, de colores chillones, agresivos y territoriales, cuya coloración era más intensa en la juventud, pero se atenuaba durante el acercamiento sexual, y la madurez...cuanta sabiduria...

La mayoría de nosotros ha tenido posiblemente la experiencia de haber estado en el corazón de un bosque, tal vez maravillados por los distintos tonos de verde, el olor a madera, a tierra húmeda, y el canto de los pájaros, que a ratos se transformaba en un concierto de múltiples voces, pero cual es el mensaje oculto codificado en este canto, sin duda no es algo que evolucionó para el deleite de nuestros oídos, sino una advertencia fuerte y clara para los demás pájaros del lugar, esto es, que no se les ocurra venir a pararse a mi árbol, este lugar es territorio privado.

Esta y otras conductas del mundo animal y la especie humana son parte de lo que los etólogos han conceptualizado como la conducta agresiva innata, que está profundamente arraigada en la biología, y que cumple importantes funciones, entre otras permite una distribución espacial y temporal más eficiente en cada nicho ecológico, tiene una función conservadora de la especie al seleccionar a los progenitores más fuertes, se relaciona positivamente también con la defensa de los hijos y la comunidad, y facilita la organización social de los animales y la imitación de las conductas. Sin duda todos tenemos la experiencia de que los liderazgos carismáticos y de convicciones fuertes generan conductas de imitación con más frecuencia que los liderazgos más acomodaticios.

Ahora bien la agresividad en sentido amplio la podemos definir como la capacidad de ser combativo, de ir al frente, de acometer con fuerza adecuada y decisión, esto sin duda tiene aspectos muy positivos, ya que nos permite entre otros luchar por nuestras metas y sueños, defender un punto de vista, hacer respetar nuestros derechos, conquistar una pareja, destacar y distinguirnos, cuidar nuestros espacios y a nuestra familia.

No se debe confundir la agresividad con la agresión, esta última implica atacar verbal o físicamente a un tercero, ya sea una persona, un animal u otros objetos, y cuya consecuencia implica la generación de un daño o incluso la muerte a un otro. Así mismo, podemos distinguir dos tipos de agresiones, una que llamaremos agresión fría o proactiva, en la que hay un interés, una intencionalidad clara e incluso una planificación para dañar y perjudicar a un otro, esta es más propia de personas con rasgos antisociales. En cambio hay otra polaridad de la agresión que llamaremos agresión caliente o reactiva, aquí hay habitualmente un impulso difícil de resistir, asociado frecuentemente a la rabia, que puede dar lugar a una respuesta agresiva espontanea, inadecuada y repentina, este tipo de conductas si bien las podemos experimentar y exhibir todos nosotros, cuando es un patrón regular de comportamiento es más propia de personas con rasgos inestables, impulsivos y rabiosos.

Se ha estudiado extensamente la conducta agresiva, sobretodo la reactiva o caliente, y uno de los hallazgos más frecuentes en modelos animales y en los seres humanos, es que ella está relacionada con un tono de serotonina bajo en el cerebro, esto puede ser algo genético o adquirido.

En el cerebro humano tenemos 2 grandes sistemas de neurotransmisores, que son los mensajeros químicos que permiten la comunicación entre las neuronas, uno de ellos es el del glutamato, que coloquialmente podemos compararlo con el “acelerador” del auto, y favorece sobretodo el aprendizaje, la memoria y el funcionamiento ejecutivo del cerebro, en cambio el GABA, podemos decir que actúa de “freno”, y sus propiedades principales son generar relajación muscular, bajar los niveles de ansiedad y favorecer el olvido. Luego están los neurotransmisores que modulan a los anteriores, entre ellos la serotonina, que entre otras cosas potencia la acción de GABA, genera distancia emocional, permitiendo una evaluación más objetiva de la situación y el contexto, y reduce de esta forma la conducta agresiva reactiva e impulsiva, de ahí que haya bastante evidencia acerca del beneficio de usar algunos antidepresivos que actúan potenciando la acción de la serotonina en personas con tendencia a la agresividad caliente.

Para aproximarnos ahora al concepto de impulsividad, podemos decir que esta se puede explicar mejor por 4 características principales, una de ellas es la inmediatez entre el estímulo y la aparición de la conducta, normalmente nosotros tendemos más bien a inhibir las conductas que a facilitarlas, nos “mordemos la lengua”, evitamos hacer tal o cual cosa, y nos tomamos cierto tiempo para seleccionar la mejor conducta posible frente al desafío contingente, pero en cambio las personas con conductas impulsivas reiteradas, tienen una cierta incapacidad para hacer esto y actúan como en “corto-circuito”, pierden rápidamente el control, actúan en consecuencia, y luego viene la culpa y muchas veces las peticiones reiteradas de perdón. Otra de las características de la impulsividad, es la evaluación cognitiva rápida con tendencia al error,  en el sentido de considerar de manera apresurada e insuficiente los estímulos y su contexto, es así que si un amigo pasa por al lado nuestro sin saludarnos, y nos sentimos ignorados intencionalmente, podríamos encararle indignadamente, increpándole por su falta de respeto, en circunstancias que esta persona pudo haber estado distraída meditando acerca de un problema personal importante. La tercera característica es la falta de eficacia adaptativa de la conducta impulsiva, en el sentido de ser desproporcionada al estímulo en intensidad y/o duración, y finalmente toda conducta impulsiva conlleva un componente emocional, que habitualmente nos remite a sentimientos experimentados predominantemente rabiosos y agresivos, lo que implica sentirse perjudicado o dañado de manera injusta e intencional.

Es importante mencionar que una conducta frecuentemente agresiva e impulsiva, es sólo un síntoma, que podría estar traduciendo un problema de salud o conductual mayor, y por lo tanto requiere evaluación y tratamiento por especialistas. En un niño podría ser parte de la sintomatología de un trastorno por déficit atencional, en un adulto mayor la acentuación de estos rasgos podrían ser un síntoma precoz de una demencia, ser una señal de alerta en personas que abusan del alcohol y las sustancias, o bien un sello de aquellas que tienen un estilo de personalidad que genera sufrimiento en ellas o su entorno, pero también se observa en personas con trastornos del ánimo como en la depresión o el trastorno bipolar.

Finalmente hay muy buenas razones para estar optimistas, ya que en la actualidad se cuenta con medicamentos e intervenciones psicoterapéuticas altamente eficaces.