Las Emociones: Sentir lo Vivido

Por: Dr. Roberto Amon
Domingo 09 de noviembre, 2014
Emociones

Las emociones o las pasiones del alma, son fenómenos universales, profundamente arraigados en nuestra corporalidad, constituyendo el eslabón que conecta nuestra biología con el psiquismo humano, es decir, son los ingredientes básicos de la experiencia subjetiva, nos permiten comprender el mundo, desearlo, rechazarlo o bien sentir indiferencia. En palabras de Balzac “La pasión constituye todo lo humano. Sin ella, la religión, la historia, la novela, el arte serían inútiles”.

Por este “arraigo” corporal de las emociones, es evidente que cualquier alteración de lo corporal, ya sea esto una enfermedad, la administración de una sustancia tóxica como una droga,  o cualquier otro proceso patológico que afecte al cerebro producirá una alteración de la emocionalidad.  De ahí que muchas enfermedades neurológicas como la demencia o la presencia de un tumor cerebral pueden dar como primeras manifestaciones un cambio en la manera como la persona se relaciona con el entorno, transformándose en seres irritables, con mayor lábilidad emocional y muchas veces con conductas sexuales desinhibidas.

Todos los seres humanos normales tenemos la capacidad de expresarlas y reconocerlas en el otro, independiente de la cultura a la que pertenezcamos, ya sea que formemos parte de una tribu de papués en Nueva Guinea, o bien, que vivamos en alguna de las modernas ciudades occidentales. Las emociones forman parte de nuestro “abecedario” básico de la relación con el otro, y no necesitamos un diccionario para “leer” cuando alguien está alegre, triste, enojado, depresivo, etc. Todo ello se refleja en la expresión facial, el tono de voz, el cuerpo, los movimientos y la actitud frente al mundo.

Pero no sólo la biología influye en las emociones, sino que también la cultura y el medio juegan un rol importante, ya que ellos nos señalan las reglas de expresión de las emociones, así como los motivos que las desencadenan.

También es sabido que el significado personal que le asignamos a un hecho determinado influye en nuestras emociones, por ejemplo en un partido de fútbol donde el resultado fue 2-0 a favor del equipo A sobre el B, los fanáticos del equipo A estarán felices celebrando, en cambio los del equipo B estarán tristes, y sin embargo el resultado objetivo del partido es uno sólo. De ahí la sabiduría de la famosa frase de Epicteto “No son los acontecimientos los que afectan a los hombres, sino la idea que albergan de ellos”.

Esta última perspectiva “cognitiva” de las emociones se ha desarrollado de manera muy importante en los últimos años, lo que ha permitido comprender mejor cómo se desencadenan determinadas emociones, cuales son las circunstancias que actúan como agentes activadores de ellas, por ejemplo sabemos que el miedo se desencadena frente a la percepción de un entorno amenazante; la ira frente a la frustración de nuestras expectativas o por el perjuicio considerado injusto; la tristeza frente a la pérdida y la alegría frente a la ganancia. Además ha contribuido de manera decisiva al desarrollo de una nueva corriente psicoterapéutica llamada psicoterapia cognitiva, ya que de este modelo es fácil deducir que si somos capaces de modificar nuestra visión de las cosas, entonces seremos capaces de modificar nuestras emociones y por lo tanto nuestra conducta.