Corona-Obsesión o Corona-Fobia: El Coronavirus Convirtió en Realidad la Peor Pesadilla Obsesiva

Por: Dr. Roberto Amon
Lunes 23 de marzo, 2020
Obsesiones Estrés

Me he dedicado más de 15 años a tratar a pacientes con Trastornos Obsesivo Compulsivos (TOC), muchos de ellos con obsesiones de contaminación, cuyos temores más básicos son dar la mano, tocar manillas y objetos, interactuar con el suelo, tomar contacto con secreciones o saliva propias o de otras personas, recibir dinero, ir a un baño público, recibir el boleto en un peaje, andar en metro o transporte público, entre muchos otros.

Hemos tenido miles de conversaciones en las que analizábamos la seguridad de las interacciones, la seguridad del contacto con otros, y la baja probabilidad de riesgo de contraer enfermedades, energía negativa u otras formas de contaminación, motivándoles de esa manera a exponerse progresivamente a las situaciones temidas, y poco a poco ir superando el miedo y volver a interactuar con el entorno de manera natural.

Pero el Coronavirus fracturó gravemente muchos de los argumentos hasta ahora empleados, y ese mundo obsesivo y sospechoso del TOC se nos hizo realidad masivamente a todos, ya no podemos acercarnos a nuestros seres queridos, amigos, colegas, vecinos, estudiantes o compañeros de trabajo, se requiere una distancia de seguridad de 1 a 2 metros, usamos mascarillas y muchas veces guantes, delimitamos en la casa e incluso en la ropa áreas sucias y limpias, usamos ropa para salir y ropa para entrar a la casa, nos lavamos continuamente las manos, nos duchamos completamente al llegar a casa, usamos profusamente limpiadores y antisépticos, toallitas, espray, alcohol gel, jabón y una larga lista de actividades y rutinas de limpieza y sanitización. Estamos viviendo una verdadera corona-obsesión o corona-fobia, pero en este caso es un fenómeno adaptativo que aumenta nuestras probabilidades de sobrevida.

Por otro lado, estamos continuamente escaneando el entorno y si percibimos la más mínima tos, aclaramiento de garganta, estornudo o enrojecimiento nasal en otros, ya no es una señal para prodigar buenas palabras o deseos de salud, sino que genera las más elevadas sospechas de que el enemigo público actual número 1 en el mundo puede estar presente en esa interacción. Nos hemos vuelto extremadamente suspicaces y todo “otro” es potencialmente alguien riesgoso, las teorías conspirativas de "quién" y "para qué se creó” este virus están a la orden del día, agregando una cuota de paranoia adicional al contexto que nos rodea, algo muy propio de los cuadros obsesivos psicóticos que se ven en pacientes graves.

Pero no, lo que estamos viviendo no es algo obsesivo ni psicótico, ya que es un fenómeno con claras explicaciones médicas y sociales, y es el resultado de uno de los desafíos sanitarios más importantes que está enfrentando la humanidad en más de 100 años de historia. Ninguna persona viva recuerda algo así tan global, y, además, con un nivel de comunicación y conectividad planetaria sin precedentes, lo que ha perjudicado y ayudado al mismo tiempo.

 Por ello, las medidas de seguridad son completamente razonables, y todos debemos adoptarlas para aplanar la curva de la pandemia y evitar el colapso sanitario y social, tenemos que transformarnos transitoriamente en seres altamente obsesivos y suspicaces, pero es algo transitorio, una estrategia de sobrevivencia y completamente ajustado a la realidad. Sin duda habrá personas que se aparten de la norma y no logren adaptarse con el correr de los días y semanas, y experimenten un sufrimiento significativo que haga necesaria la búsqueda de ayuda especializada, pero como decía una de mis profesoras de Psiquiatría la Dra. Ana Cid, en medicina es mejor pecar de tiro largo que de tiro corto, exagerar en vez de minimizar, sobre todo frente a posibles consecuencias graves.

Sin duda al final del camino, cuando hayamos superado esta contingencia, vamos a necesitar de un tratamiento “anti-obsesivo” global y altamente creativo para tratar de normalizar nuestras relaciones con los otros y el mundo, pero tengo la intuición de que esta crisis global además de producir niveles elevados de estrés, dolor, miedo, rabia y otras emociones complejas, y de mostrar lo mejor y lo peor de nosotros como personas y seres humanos, tiene el potencial de elevar significativamente los mejores valores humanos y la espiritualidad entendida en sentido amplio. Por lo que soy muy optimista que vamos a salir fortalecidos, y primaran los valores de unidad, solidaridad, racionalidad y coorperatividad, y volveremos a disfrutar de esas cosas simples, pero tan importantes como son el abrazo de un hijo, hija, nieto, nieta o la pareja, de un encuentro en un café, un almuerzo con amigos y la familia, o una simple conversación animada, en fin tantas pequeñas cosas que en estos días oscuros nos hacen tanta falta, pero que la luz de la esperanza nos promete recuperar.