Sex & The Psiquis: El modelo de control dual

Por: Ps. Gisela Fischman
Martes 08 de octubre, 2019
Sexualidad/Género

Hasta finales de la década de los ´90, los estudios en sexualidad humana se basaban en la observación de las conductas sexuales, pero sin comprender demasiado el por qué ni el cómo funciona la sexualidad. En consecuencia, se elaboraron técnicas específicas para abordar las llamadas disfunciones, las cuales si bien pueden ser eficaces en algunos casos, suelen ser insuficientes. Además, hoy en día existe mucho material sobre cuántas veces por semana deberían tener sexo las parejas, cómo lograr una mayor lubricación, cómo alcanzar el orgasmo, etc. Sin embargo, nada de eso nos permite abordar la complejidad de los procesos biológicos, psicológicos y sociales que subyacen a dichas conductas.

A finales del siglo XX, Erick Janssen y John Bancroft, investigadores del Kinsey Institute, desarrollaron el modelo de control dual, que postula que el mecanismo de respuesta sexual en nuestro cerebro posee dos componentes: acelerador y frenos. 

¿Cómo funciona el modelo de control dual?

Por una parte, existe un Sistema de Excitación Sexual (SES), al que llamamos “acelerador”. Este recibe información acerca de estímulos ambientales sexualmente relevantes -lo que vemos, olemos, oímos, tocamos o imaginamos. El cerebro entonces envía una señal a los genitales que dice: “¡enciendan los motores!” (turn on). Cabe agregar que el SES está siempre escaneando el entorno (incluidos los pensamientos y sentimientos) aunque no seamos conscientes de ello. 

El otro componente es el Sistema de Inhibición Sexual (SIS), es decir, los frenos. Según las investigaciones existen dos tipos: uno que, al igual que el acelerador, busca constantemente amenazas potenciales en el ambiente, percepciones visuales, auditivas, olfativas, táctiles, etc. y envía a los genitales la señal de “¡apaguen todo!” (turn off). Este freno a pedal es el que responde automáticamente ante situaciones puntuales. Se preocupa de la posible transmisión de enfermedades o las consecuencias sociales de la excitación, por ejemplo. El segundo freno es el de mano. Mientras que el freno a pedal se asocia al temor a las consecuencias del acto sexual, el freno de mano se relaciona con el miedo a fallar en el mismo, por lo que la respuesta sexual se ve inhibida de forma más constante e incluso puede volverse crónica. 

En consecuencia, para que se produzca excitación se tiene que activar el acelerador a la vez que se deben desactivar los frenos. Según la sensibilidad de cada persona, se dan diferentes combinaciones. Entre 2 a 6 % de las mujeres presentan mucho acelerador y poco freno, lo cual se asocia a compulsión y conductas de riesgo. En tanto que entre 1-4 % poseen baja aceleración y mucho freno, lo que se vincula con baja excitación, escaso deseo y dificultad para llegar al orgasmo. Estadísticamente, los hombres tienden a tener un SES más sensible y las mujeres los frenos más aceitados. Esto responde, en gran parte, a factores culturales, familiares y experiencias personales. 

Uno de los principales activadores de los frenos es el estrés. Este reduce el interés sexual en 80-90% de las personas e inhibe el placer sexual. El estrés puede provenir de estímulos externos (problemas laborales o de pareja, etc.) o internos, tales como la depresión, la autocrítica o la devaluación del propio cuerpo. En situaciones de supervivencia, se activan tanto el sistema simpático -y las reacciones de ataque/huida- como las reacciones parasimpáticas de parálisis. Lo mismo puede suceder en situaciones sexuales, especialmente si existieron experiencias traumáticas previas. En tales casos, cualquier estímulo que para otras personas podría activar el acelerador sexual, es interpretado por el cerebro como una amenaza, con la consecuente activación de los frenos.   

En cambio, en el contexto adecuado, el sexo puede reforzar el apego emocional hacia la pareja o generar conexiones con alguien nuevo. En el cerebro, amor y sexo están relacionados. 

En síntesis, el modelo de control dual nos permite conocer más acerca de nuestra personalidad sexual y nuestra inteligencia erótica, teniendo en cuenta que todos estamos hechos de las mismas partes, pero la diferencia está en cómo éstas se constituyen y se organizan a lo largo de nuestras vidas. Ninguna forma de organización es mejor que la otra. Sólo son distintas. 

Por. Ps. Gisela Fischman
Psicóloga clínica y sexóloga
www.giselafischman.cl

Fuente: Come as you are, the surprising new science that will transform your sex life. Emily Nagoski Ph.D., Editorial Simon & Schuster.