La Tristeza: Preludio de la Alegría
sábado 15 de noviembre, 2014
Temas: Depresión , Emociones

Existen tantas noches como días, y cada una dura lo mismo que el día que viene después. Hasta la vida más feliz no se puede medir sin unos momentos de oscuridad, y la palabra "feliz" perdería todo sentido si no estuviese equilibrado por la tristeza (Carl Jung).

La pena o tristeza es una emoción básica y normal, que todos hemos sentido alguna vez en el transcurso de nuestras vidas.

Nos sentimos tristes cuando muere un ser querido, cuando nos separamos de un amigo o amiga, cuando perdemos algo que nos importa, cuando nos alejamos de un trabajo que nos gusta y donde sentimos cariño por las personas que allí están y por las cosas que hacíamos. En fin, la pena o tristeza es la emoción que sentimos cuando sufrimos una pérdida que nos parece que será irrevocable.

La pérdida puede estar referida a algo externo o a nosotros mismos. Lo primero se produce cuando nos separamos de una persona querida, y es lo que sentimos frente a la muerte, la separación o el abandono. Igualmente cuando nos alejamos de lugares importantes, como puede haber sido nuestra casa, nuestro barrio o nuestro trabajo. También se produce al perder un objeto al que le damos un valor importante, tal como sucede cuando nos roban o este se rompe en forma irreparable.

Todo lo que mencionamos antes nos resulta fácil de comprender. Pero también la tristeza puede sobrevenir cuando la pérdida está referida a nosotros mismos: a  nuestro cuerpo, a nuestra estima o a nuestra imagen frente a los demás. Piénsese en lo que sucede cuando a una persona se le informa que padece una enfermedad crónica, como la hipertensión arterial o la diabetes, y que tendrá que cambiar su alimentación y otros de sus estilos de vida. Esta es la pérdida de la salud, de la vitalidad, del bienestar corporal.

Algo semejante acontece cuando las cosas no resultan como lo esperábamos y más aún, como lo esperaban las personas que nos rodean y cuya opinión es de gran valor para nosotros. Es lo que sucede frente a los fracasos escolares o laborales, especialmente cuando la persona ha tenido una trayectoria de éxitos previos.

La experiencia de tristeza por pérdidas que son referidas a uno mismo suelen ser más difíciles de reconocer, tanto por la persona que la vivencia como por quienes están cerca de él o ella. Y al no reconocerla resulta difícil que se pueda expresar en forma consistente, a la vez que las personas cercanas no brindarán el apoyo que es natural en estos casos. Este puede ser el camino que va desde la tristeza normal hasta la depresión.

La intensidad de la tristeza se relaciona con la valoración que la persona hace de la pérdida, del efecto que esta tiene en su propia vida y de la posibilidad de que esta sea reversible. Esta valoración no necesariamente es consciente y objetiva. Por eso, no siempre resulta fácil comprender las penas de otros. Es perfectamente posible que lo que para algunos pueda ser una pérdida insignificante, para otros sea de mucho valor y produzca una gran tristeza.

La mejor forma que apoyar a las personas que queremos cuando estas viven una pérdida es ayudarlas a que la expresen, comprender el significado y la valoración que ella hace (independientemente de la nuestra) y demostrarles nuestra compresión y cariño. Muchas veces se cae en el error de tratar que no lloren, desviando la conversación hacia otros temas e incluso contando cosas divertidas. Aquí cabe mencionar una frase que aunque frecuente, no deja de ser dañina: "los hombres no lloran". Como si los varones no sintieran pena o fuera malo estar triste.

La personas que sufren una depresión sienten una tristeza profunda, que no se reduce con el tiempo y que llega a afectar nuestra vida cotidiana. En cambio, la tristeza normal pasa después de un tiempo, más aún cuando se la reconoce, se la expresa y se la valora como una experiencia emocional normal.