Síndrome de Retirada de Antidepresivos
sábado 28 de abril, 2018
Temas: Depresión , Ansiedad/Pánico

Recientemente apareció en el New York Times un artículo que alarmaba a los lectores acerca de que muchas personas que tomaban antidepresivos por periodos prolongados descubrían luego que no los podían suspender, ya que podían experimentar síntomas de retirada muy severos. ¿Qué hay de cierto en ello y que tan importante es?

Se sabe que el síndrome de retirada puede ocurrir luego de suspender cualquier antidepresivo, pero es más severo en aquellas personas que usan algunos de ellos. Los síntomas que se experimentan con mayor frecuencia son fatiga, cansancio, dolor de cabeza, mareos, sensaciones eléctricas, zumbido de oídos, insomnio, sueños vívidos, nauseas, malestares digestivos, ansiedad, depresividad e irritabilidad entre otros.

Para que se presente eso sí se requiere que el paciente haya estado tomando un antidepresivo por al menos 2 meses o más, ya que es necesario que se produzcan ciertos cambios adaptativos en el cerebro con el uso del medicamento.

Se ha observado también que se presentan en cerca del 40% de los pacientes que los suspenden de manera brusca, y tienden a ser más atenuados o nulos si se hace una descontinuación lenta en 1 a 2 meses. En general los síntomas duran pocos días hasta un par de semanas, y muy excepcionalmente pueden persistir algunos síntomas por más tiempo. Lo otro que es importante saber es que en general la sintomatología es leve y en la inmensa mayoría de los pacientes no implica ningún riesgo significativo. Además, en caso de presentarse hay varias estrategias que se han desarrollado para manejarlo, como la reinstalación del medicamento y una descontinuación aún más gradual o bien el cambio a otros medicamentos de la misma familia que por su vida media prolongada facilitan la retirada.

Es importante mencionar que, como toda medicina, los antidepresivos tienen que ser indicados para un problema de salud mental específico y por un médico que pueda supervisar su indicación y uso durante todo el periodo de tratamiento, y por cierto durante el periodo de suspensión del mismo.

Estos medicamentos son una herramienta de tratamiento muy valiosa para los estados angustiosos y depresivos, cuadros que afectan a 1 de cada 4 personas en el mundo entero a lo largo de su vida, con un enorme costo para las personas, sus familias y la sociedad entera. Costos que se traducen en malestar psíquico persistente, alteración de la calidad de vida y de la dinámica familiar, ausentismo laboral o bien presentismo (baja productividad), y por cierto en un elevado riesgo de suicidio.

Sabemos tanto por experiencia clínica cotidiana como por los innumerables estudios científicos serios publicados, que las personas que los han utilizado experimentan beneficios en su calidad de vida que superan con largueza el problema del síndrome de retirada, como lo han certificado todas las agencias de salud de todo el mundo, por lo que la posibilidad de experimentar un síndrome de retirada no justifica de ninguna manera su estigmatización, y mucho menos privar a nuestros pacientes de medicinas que llevamos utilizando con seguridad por casi 70 años.