Ansiedad, tristeza y respuesta emocional ante desastres y emergencias, ¿Qué pasa con los que entregan ayuda?
viernes 07 de abril, 2017
Temas: Ansiedad/Pánico , Trauma Psíquico

Cuando nos vemos enfrentados a una situación de riesgo propio o para nuestros cercanos, se despliegan una serie de respuestas emocionales, dentro de ellas la ansiedad, que determinan cambios en nuestra conducta, idealmente motivados por controlar el riesgo y adaptarnos mejor a la situación que vivimos.

Los que han vivido alguna situación de emergencia o desastre, como terremotos o inundaciones, se sienten familiarizados con estos cambios, la vivencia lo confirma. Es esperable el sobresalto inicial, la sorpresa, luego el temor y la angustia, para finalmente, una vez terminado el evento principal, aparecen ideas de vulnerabilidad, indefensión y temor que varían según el tipo de catástrofe, la intensidad del daño sufrido, propio o de sus cercanos, así como de la percepción de seguridad del entorno o apoyo percibido.

Si bien el enfoque primario se centra en las víctimas de un desastre, no debemos olvidar que las personas que prestan ayuda, ya sea trabajadores como voluntarios, suman a la reacción esperable ya descrita, una serie de vivencias a las que habitualmente se les presta poca atención, tanto en la planificación del trabajo, por parte de los centros que toman decisiones en una Emergencia, como por los mismo socorristas, por su esperable concentración en ayudar a otros.

Dentro de la literatura se describen en ellos síntomas de angustia como nauseas, taquicardia, sudoración, temblores musculares, insomnio, hiperactividad y sensación de hiperalerta. En los cambios cognitivos se espera reexperimentaciones de las escenas más impactantes, tanto en vigilia como oníricas, confusión o fallas de concentración, desorientación, rumiaciones de contenido negativo o catastrófico, etc. Finalmente las reacciones emocionales descritas van desde la anestesia afectiva o apatía hasta la labilidad emocional intensa, pasando por la irritabilidad, miedo a no tener el control y la tristeza.

Dado que los equipos de socorro están sometido a intensas presiones y son los que dan soporte a la población vulnerada, es recomendado desde las primeras horas de la emergencia, darles soporte de salud mental. Desde el punto de vista sólo de la protección de la salud mental de muchos, es mejor inversión partir por los equipos de respuesta y a quienes cuidan a los afectados.

En nuestra experiencia durante los grandes incendios forestales del pasado verano, la expresión de los cambios antes mencionados, tanto en la población afectada como en los socorristas y funcionarios de los equipos de respuesta, mostraron los cambios emocionales esperados. Sin embargo al ser el incendio forestal una catástrofe variable, en permanente cambio y evolución, determinó que las etapas observadas en otros desastres, como los terremotos o aluviones, no se dieran. Lo observado y lo vivido era como un terremoto nuevo cada día. Tanto la población como los equipos de respuesta debieron adaptarse al permanente cambio de las condiciones. Además la extensión temporal de la situación, determinó el progresivo cansancio de los equipos, con pocas posibilidades de tener los recambios recomendados.

En el apoyo de estos equipos se recomiendan estrategias de desactivación. A diario, al finalizar cada jornada se recomiendan pequeñas acciones de expresión emocional, enmarcadas en la técnica llamada Defusing, desarrollado por J.T. Mitchell. Al finalizar la tarea, cuando la emergencia fue superada y los equipos volverán a su rutina normal, se realiza el Debriefing, también propuesto por Mitchell, con una técnica más estructurada, que permite el cierre. Ambas técnicas son estrategias de prevención secundaria  orientadas a evitar la aparición de estrés postraumático.

 

Si alguna vez usted le corresponde entregar ayuda en una situación de desastre, las recomendaciones para evitar complicaciones de largo plazo y para minimizar los efectos del estrés durante el desastre hacia los equipos de respuesta es:

  • Rotación del lugar de trabajo. Alterne entre labores de mayor y menor estrés.
  • Periodos de descanso regulares de 15 a 30 minutos. Tómese su tiempo, el relevo permite desarrollar otras estrategias de autocuidado que incluyen las técnicas de relajación, alimentación, etc.
  • Resguardar Espacios de confort y cuidados. Sugiera a quien esté al mando, el delimitar un espacio seguro para un área de descanso,  alimentación, protección del clima, etc.
  • Recibir apoyo emocional. Permítase ser ayudado también, participe de las estrategias de desactivación antes descritas.

Más información en:

http://www.paho.org/uru/index.php?option=com_docman&view=download&category_slug=publicaciones-salud-mental&alias=148-guia-practica-de-salud-mental-en-situaciones-de-desastres&Itemid=30